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Escrito por Administrador
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Tres veces se cita esta frase del Salmo 95: 7 en los capítulos 3 y 4 de Hebreos. El llamado es a no endurecer los corazones cuando se oye la voz de Dios.
El desoír a Dios y endurecer el corazón fue el gran pecado de Israel, lo cual trajo consigo incredulidad y desobediencia. El apóstol agrega: "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo ... que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado" (Heb. 3:12-13).
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