A menudo tenemos la tendencia a mirar lo que está delante de los ojos, lo aparente, y no a lo invisible, por la fe. Para que tengamos una visión correcta, el Señor dio a la iglesia los profetas. Son ellos los que nos abren esta visión por la Palabra: "Sin profecía el pueblo se desenfrena..." (Prov. 29:18). Para darnos una visión correcta, el Señor siempre nos hace volver al principio – nos hace mirar a Jesús. Fue así que los antiguos alcanzaron un buen testimonio por la fe (Heb. 11:2).
¿Cómo llegó el hombre a ser esencialmente malo? La respuesta cristiana a esta interrogante –como plantea C. S. Lewis– se encuentra en la doctrina de la caída. Según tal doctrina, el hombre de hoy es un horror para Dios y para sí mismo, una criatura mal adaptada al universo, no porque Dios lo hiciera así, sino porque él mismo lo hizo al abusar de su libre albedrío.
La sociedad actual es, sin duda, una sociedad enferma. Las señales de su enfermedad están diseminadas en todos los organismos y estratos sociales. El foco principal de ella está en la familia - precisamente el reducto creado por Dios para asegurar el bienestar del ser humano. La familia está en crisis. Los matrimonios están disolviéndose. Los hijos están quedando a la deriva. Ya no tienen modelos que imitar, así que se están lanzando en una búsqueda frenética de sensaciones pasajeras. Han perdido el sentido de la vida y la valoración de sí mismos.