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Escrito por Administrador   
Estimados amigos y hermanos:
 
Me es un gusto poder compartir la Carta Pastoral nuevamente, digo otra vez porque anteriormente estuvo saliendo por un tiempo. El propósito es compartir algunos pensamientos con ustedes con el propósito de edificar sus vidas, tocando algunos temas de actualidad.
 
Por favor, si quieren compartirla con sus amigos no dejen de hacerlo o si quisieran que se le enviara a alguien que no esté en nuestra lista de correos no duden en hacernoslo saber.
 
También sus comentarios serán bien recibidos. Además no dejen de visitarnos en nuestra pagina de internet  www.agapeslp.com
 
En el servicio del Señor
 
Arturo Delgado T.
Carta pastoral Septiembre 2007
 
(Por Arturo Delgado T)
 
LA BASURA
 
La basura tiene su propio valor. En los basureros municipales hay personas que pasan su vida extrayendo de ella algunas cosas de valor o material reciclable que puedan comerciar. De ahí extraen la manutención para la familia, de hecho, hay historias de hombres que se han enriquecido mediante el oficio de pepenar.
 
En nuestra ciudad hay toda una flotilla de carretones y camionetas que levantan la basura que el servicio de recolección municipal de basura no alcanza a hacerlo. Estos recolectores de basura particulares están organizados de tal manera que tienen una especie de sindicato, además de que cada quien tiene su área asignada de recolección y nadie se puede meter en ella.
 
A la mayoría de las personas les desagrada la basura. Podríamos decir que la basura es algo que todos buscamos tirarla. Pero la basura contiene una riqueza increíble de información: Por medio de la basura uno puede saber cuál es la dieta alimenticia de una familia, cómo se viste, cuales son sus actividades favoritas, cuanto dinero gana, su nivel educativo y cultural, donde trabaja, cuales son sus vicios, sus adicciones y sus más ocultos secretos.
 
Basta con hurgar unos 10 minutos en la basura para darse cuenta de todo el historial de una familia. Es más, también se puede encontrar en la basura lo que sería la vergüenza de muchas personas. Ahí tiran sus revistas pornográficas, sus botellas de alcohol vacías, sus jeringas con rastros de sangre, sus preservativos utilizados fuera del matrimonio, las envolturas de las pastillas del día después, y hasta sus bebés abortados.
 
La basura no tiene nombre, ni nadie etiqueta sus bolsas de basura para identificarla por familia o por persona. Para muchos la basura es la historia de su arrogancia, de su degeneración, de su vergüenza y de su condición espiritual. Y aunque no la mostramos, todavía olemos a ella, porque no terminamos de tirarla definitivamente.
 
¿Saben ustedes qué es lo peor de la basura? Que en determinado momento se convierte en nuestro alimento, en nuestro entretenimiento, en nuestra alegría, en nuestra búsqueda constante y en nuestra actividad diaria. Visitar el basurero puede llevar a una persona a enamorarse del lugar de tal manera que toda su vida se concentra en regresar una y otra vez. Lo peor de todo es cuando la basura se convierte en parte de nuestra vida, de nuestro lenguaje, de nuestro olor, de nuestro objetivo en la vida. Luego la llevamos a la casa, los padres comen basura y traen un poco de ella a casa para que al final del día también sus hijos puedan comer de esa basura.
 
Ahí se encuentra una familia metida hasta el cuello en la basura, hablando bien de ella y exaltando sus cualidades. Están orgullosos de su basura, de cuanta pueden tener y de cuanta pueden consumir. Los pobres terminan consumiendo la basura que queda después de la basura, mientras que los pudientes son selectivos, escogen la mejor basura, la basura refinada, la basura de primera clase, la basura de colección, la basura importada, la basura original.
 
Hay quienes la basura les dan categoría, presumen de ella, se identifican con ella y prácticamente no pueden vivir sin ella. Otros, luego de experimentar su consumo, deciden explotar sus aparentes beneficios y abren lugares donde los jóvenes y adultos puedan divertirse con la basura o tienen toda una red de distribución de basura que les deja enormes ganancias. Las ciudades modernas están llenas de anuncios espectaculares que promueven la basura, haciéndola ver como si consumirla fuera lo más hermoso de la vida.
 
Por cierto quiero aclarar que la basura a la que me refiero no tiene que ver con las personas, sino más bien con sus actividades y preferencias. La basura también tiene su rostro amable, su cara bonita, su propia tecnología. Hay basura en la Internet, en la televisión, en los medios impresos. En pocas palabras, la basura tiene poder económico, poder social, poder político, etc. Podríamos decir que la basura siempre estará entre nosotros.
 
La basura la encuentras en los mejores centros comerciales, en las tiendas de autoservicio, en las casas más pobres y en las mansiones de los ricos. Hay basura en la Orchard Road, de Singapur, en la Avenida Campos Elíseos de Paris, en el Centro Comercial Santa Fe de la ciudad de México, en plaza El Dorado y Sendero de San Luis Potosí. En las calles de los grandes centros del comercio y la diversión mundial como Nueva York, Hong Kong, Las Vegas, etc. Pero tambi-en la encuentras en los ranchos, en los pueblos, en las comunidades alejadas.
 
Porque la basura está en todas partes y al alcance de cualquiera, diseñada para el consumo general sin importar su genero, nivel educativo, nacionalidad, época del año (Aunque hay días cuando más se consume), estado civil, color de la piel, raza, etc. Hay basura cara y hay basura económica, de todos los precios al gusto o bolsillo del consumidor.
 
La basura también tiene su lado oscuro, la basura contamina, la basura deja un mal olor, la basura lleva a la ruina económica, familiar y espiritual de una persona. La basura puede llevar a la autodestrucción, puede convertirse en un manicomio, destruye la pureza de una familia, la inocencia de un niño, lo santidad de un joven y la unidad de un matrimonio. Hay desechos altamente peligrosos y nocivos para la salud espiritual y física de aquellos que se exponen a ella.
 
Pero la basura siempre será la basura, la basura siempre será el desecho del ser humano, algo que no debe ser considerado en la dieta de cada familia, ni en la actividad de cada joven. No fuimos diseñados para vivir en la basura ni pepenarla en aquellos lugares donde hay solamente basura.
 
En amor, Arturo Delgado T.



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