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"Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el..." (Gn. 35:7)
En el texto citado, Jacob edifica por segunda vez un altar en el mismo lugar. La primera vez fue cuando él colocó una piedra debajo de su cabeza para dormir. En un sueño tuvo una visión de una escalera cuyo extremo llegaba al cielo, y donde ángeles de Dios subían y bajaban por ella (Gn. 28:11-12). Después de despertar, Jacob hizo de aquella piedra una columna, derramó aceite sobre ella y llamó aquel lugar "Bet-el", que significa "Casa de Dios". (Gn. 28:18-19).
La primera vez que Jacob adoró a Dios, él no le conocía. Él tuvo una visión celestial y consideró que aquel lugar era la Casa de Dios. ¿Cuántos no piensan así? ¿Cuántos no consideran el templo hecho por manos humanas como la Casa de Dios? Jacob necesitó recorrer un arduo camino para conocer al Señor. El valle de Jaboc fue el comienzo de una vida de verdadero conocimiento de su Dios (Gn. 32:22-30). Cuando Jacob volvió a aquel lugar que antes había llamado Bet-el, él le cambió el nombre para "El-bet-el", esto es, el Dios de la Casa de Dios.
Como dijo Jesús a aquella mujer samaritana, si vamos a Betel es porque adoramos lo que no conocemos. Si vamos a El-bet-el, entonces nuestra adoración será preciosa delante de él. El Padre busca a los que van a El-bet-el. "Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que no sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoran. Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Jn. 4:22-24).
Adorar no es dar lo mejor que tenemos al Señor, sino es dar lo mejor de aquello que hemos recibido de él. Nadie da primero a Dios para luego ser retribuido. "¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?" (Rom. 11:35). "Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos" (1 Cr. 29:14).
Cualquiera que es llamado por Dios estará primero en Bet-el. Después es necesario pasar por el valle de Jaboc, por la regeneración, por el nacimiento del Espíritu. Si no hay nuevo nacimiento no es posible ver el Reino de Dios ni entrar en él (Jn. 3:3-5). Después de la regeneración, el Espíritu nos lleva a El-bet-el. El-bet-el es Cristo, es la Iglesia del Dios vivo. "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo" (1ª Cor. 12:12).
Jacob en Bet-el era un engañador, un mentiroso, un tramposo. Todos en Bet-el son tramposos con Dios, pero después que Jacob pasó por la regeneración en el valle de Jaboc, su nombre fue cambiado a Israel. (Gn. 32:28). Israel no es más un hombre solo, sino un pueblo que camina con Dios. Israel es su pueblo, y Cristo es la verdadera Casa de Dios. "Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza" (Heb. 3:6).
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